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Efemerides
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No me lloren, crezcan

 

Por: Prof. Guillermo "Café" Fernandez

Llovía en esos días y la lluvia y se confundía con el llanto mudo de la multitud. Más de un millón de argentinos despedían al general en la capilla ardiente del Congreso. Los barrios humildes improvisaban altares y la selección recibía un minuto de silencio en los estadios de Alemania 74.
El hombre más amado entraba en la memoria colectiva y, cerrando un ciclo, la muerte del caudillo presagiaba la noche más oscura del país. 
Todo hombre es tan grande como la ola que ruge debajo de él, escribió Bismark, la de Perón se retiraba y conmovía la historia de su tiempo.
Nuevamente la fuerza motriz de los terratenientes y las finanzas se aprestaban para aplastar la industria, los derechos populares y a una generación que era el relevo generacional con el que Perón tanto había soñado.
Las derrotas son un doloroso paso atrás. Éste duró ocho años, pero como el propio Perón había enseñado, el pueblo, como el agua, siempre encuentra su cauce. No hay dique que lo contenga.
Pasaron y pasan gobiernos entreguistas, pero hubo doce años que recordaron que los mejores tiempos fueron y serán peronistas. Por eso será que aún en las barriadas se escuchan gritos de bronca y de alegría.
Aunque esta frase no le pertenece, el alma popular la hizo propia y la repite: NO ME LLOREN, CREZCAN